Hoy tengo una pregunta para ti
Cuando piensas en la palabra líder, ¿lo ves como un privilegio o una carga?
Si has llegado a ser líder, probablemente trabajaste arduamente para conseguirlo. Demostraste tu valía y actitud en tu empresa. Finalmente, tus esfuerzos fueron reconocidos y te promocionaron a un puesto de liderazgo.
¡Yuhuuuuu! Vas a tu casa y abres esa botella de vino cara que guardabas para una buena ocasión. Y después del primer trago…
Oh, wait.
Te das cuenta de que todo lo que te ha servido hasta ahora para apañarte bien en el trabajo, ya no es suficiente. Porque a partir de mañana, empiezas a liderar un equipo. Y de eso, nadie te ha enseñado. De hecho, no tienes ni puñetera idea.
Aquí está el reto
Liderar un equipo requiere habilidades completamente diferentes de las que te han servido hasta ahora. Y estas habilidades no aparecen por arte de magia simplemente memorizando un libro de John Maxwell (por si no sabes quién es, uno de los mayores referentes en liderazgo del mundo).
Sin tiempo para procesar los cambios, empiezas en tu nuevo puesto. Los días ahora son más estresantes. Empiezas a sentirte sola. Se evapora el colegueo entre tus compis de trabajo y tú. Te frustras con algunos de ellos, porque parece que no te toman muy en serio. Al fin y al cabo, hace un par de días no eras su “jefa”.
La realidad de muchos líderes nuevos
Ese podría ser un ejemplo de lo que han pasado algunas nuevas (y no tan nuevas) líderes con las que tuve sesiones en las últimas dos semanas. Y la sensación general es que, en cuanto a liderazgo, su empresa las lanzó a los leones. En vez de formarlas bien, recibieron una palmadita en la espalda y ¡hala!, apáñate.
Se espera de ti que seas una crack motivando, que no haya conflictos. Y si los hay, ya los solucionarás antes de que contagien al resto de la empresa. Si alguien de tu equipo no hace lo que tiene que hacer, la responsabilidad es tuya. Posiblemente te frustres tanto que acabarás haciendo su trabajo, porque a la empresa le da igual quién lo haga. Lo que significa unas horillas extra haciendo tareas que en teoría no son tuyas.
Lo que parecía un premio, de repente se convierte en una pesadilla
¿Te ha pasado? Si esa eres tú, te entiendo. De hecho, yo misma me encontré en una posición de liderazgo a los 19 años, como Directora de Finanzas y RRHH. Puedes imaginar el reto que sería negociar constantemente los sueldos con señores de 50 que me veían como una niña. Incluso darles toques de atención y echarles a la calle, si hacía falta.
Para que no se notara mi falta de confianza en mí misma, desarrollé una máscara de persona distante y firme. Al menos así proyectaba más autoridad. Pero por dentro, era un mar de inseguridades y ansiedad. Y no me gustaba sentir que tenía que ponerme una máscara en el trabajo.
En los siguientes 7 años, poco a poco conseguí sentirme más segura. Pero no relajada. Así que hoy ayudo a líderes como tú a tener un proceso infinitamente más fácil.
Conclusión
Ser un líder eficaz no es una tarea sencilla y muchas veces, las empresas no brindan el apoyo necesario. Es importante reconocer los desafíos y buscar el desarrollo continuo de habilidades de liderazgo. Si te sientes identificada, recuerda que no estás sola y que hay recursos y personas dispuestas a ayudarte en tu camino como líder.